Filosofando en el calor (yucateco, por supuesto)

Vivir-a-un-cenote

Máre tú, la calor azota y azota duro en esta Península de laja caliza que absorbe todo menos los rayos del sol que parece que rebotan y se nos devuelven; por eso andamos todos como zombis medio muertos en vida y conservados en nuestra propia salsa a cuarenta y cinco grados a la sombra. Pero que nadie se queje porque cuando llega la heladez bien que estamos clamando por un xix de este calor que hoy nos tiene a la sombra del ciricote y quietecitos en la hamaca filosofando sobre el origen del mundo contemplándonos el tuch.

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