Huevos motuleños

Huevos motuleños

Felipe Carrillo Puerto inaugura los huevos motuleños (en Motul, por supuesto)

Huevos motuleños (de Motul, faltaba más)

Si te digo que desayunes en Yucatán seguro que en lo primero que piensas es en los huevos motuleños, ¿masinó? Y para de contar ninio, porque se te cierra el seso y te olvidas que la creatividad yucateca llega hasta los huevos, porque hay que ver cómo los preparamos, para entender lo importante que es tener un par de huevos puestos todos los días en el desayuno. Y no es que lo vengamos consumiendo desde tiempos de los mayas porque, si no lo sabías, los parientes no los conocían porque las gallinas de Castilla las trajeron los españoles cuando se tropezaron con este mundo; pero eso no quiere decir que los mayas no comieran huevos. Los comían y con ganas, porque no había nido de tortuga, codorniz, hormiga o cualquier otro insecto que se salvara del asalto maya-hueveril. Por eso este gusto por los huevos lo traemos en las raíces. ¿Cómo explicar si no, esa pasión por un simple huevo tibio medio pasado por agua que se llama “abotonado”, que se consume con la cáscara como recipiente y que hemos elevado a la categoría de manjar?

Y eso por no hablarte de los simples huevos fritos que en su versión pura y dura se preparaban en manteca de cerdo conformando una verdadera oda al colesterol, un canto a los triglicéridos. Digo “preparaban” porque hoy, con la moda de la comida sana, nos hemos inclinado por ponerle chaya hervida picada y frita con ajo y cebolla, o con cebolla y tomate, pero siempre con el sabor insuperable de la chaya, amén de sus propiedades curativas de las que mejor ni te hablo porque ahora el tema es de huevos con longaniza, ¡los mejores del mundo!, siempre y cuando sea longaniza de Valladolid, por supuesto…¡Máre tú!, hasta ganas de desayunar de nuevo me están dando cuando pienso en esos huevitos amarillitos con su frijolito y su habanero…¡Way! hasta con tu francés caliente te lo puedes embutir, linda hermosa.

Para especialistas son las versiones del “trapo viejo” con las sobras del chocolomo o con carne de venado y chile verde y los huevos “rabo de mestiza” con tomate, cebolla, chile dulce y hasta queso; todo por no hablar de los legendarios huevos entomatados con cazón, mi p’urux. Y no te hablo aquí de los huevos que acompañan el potaje, los chilaquiles, el relleno negro, los papadzules y el but de pavo, por no presumir que aquí tenemos  huevos hasta en la sopa.

Pero nada como los celebérrimos huevos motuleños, inventados a la carrera para una visita de Carrillo Puerto, que los vio por primera vez estrellados sobre tortillas fritas con frijol colado, jamón ahumado y salsa de tomate, y mejor me callo boxito, porque ahora mismo voy al puesto de don Remigio a despacharme dos taquitos de huevos revueltos con lomitos de Valladolid acompañados de ibes colados, y consolarme mientras espero el fin de semana para desayunar en Motul y quitarme de la cabeza esos huevos motuleños que se me presentan como una aparición divina cada vez que pienso en un desayuno yucateco, ¿a lo viste, jah?

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