Bruce Lee yucateco

Bruce lee

Bruce Lee repartiendo karatazos en la serenata yucateca

Si hubieras nacido aquí, Bruce Lee

¡Way! no me mires así con esos ojos de “Operación Dragón” con los que miras a tus enemigos en tus películas antes de dejarlos oyendo pajaritos después de una de tus famosas patadas voladoras, esas que vimos una y mil veces en las películas de Hollywood y que han querido imitar con chan películas de dudosa calidad actuadas por cualquier chino que medio supiera dar un karatazo. Pero no lo van a lograr porque tú fuiste el que dio a conocer el verdadero kung fu en occidente, que antes de ti sólo conocíamos por películas tan inverosímiles donde un chino saltaba desde un edificio de veinte pisos, daba tres saltos mortales para esquivar las balas de dos ametralladoras y caía al piso en pose de batalla frente al maloso, al que atravesaba zampándole un dedo en el tuch. Nunca te van a dar el ancho, ninio, primero tendrían que hacer tus flexiones sobre dos dedos, tumbar gigantes con tu patada lateral, aprender a golpear con fuerza desde cerquita, y pegar en seguidilla a 30 centésimas de segundo… ¡Ni tus sparrings alcanzaban a ver el trancazo que los volteaba en la lona! Eres único porque en tu estilo metiste esgrima, lucha grecorromana y hasta las técnicas de agarre y candados de boxeo que le aprendiste a Cassius Clay.

Todo el mundo te conoce por eso, pero nadie se acuerda que naciste en San Francisco por pura casualidad cuando tu papá estaba de gira con la ópera china, ni que de pandillero en Hong Kong andabas en tan malas compañías que tuvieron que mandarte de regreso a las United States para que no te unieras a la mafia china.

Si hubieras nacido en Yucatán, no hubieras sido ese peleador que fuiste, que para eso nació Guty Espadas; pero con ese cuerpo de chilibito, hubieras sido tan buen trovador que habrías opacado al otro Guty —el inmortal Guty Cárdenas— cantando serenatas a la luz de la luna y rompiendo los corazones de más de una yucateca que hubiera cambiado al novio que estaba parado al pie de su ventana por este trovador hichoso dispuesto a raptarla para una noche de amores, aunque para eso le tocara ponerse en guardia, lanzar dos maullidos de gata en celo y sacar los numchakus para rajarle el alma al despechado galán.

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