La hacienda Uayalceh

Uayalceh

La casa de máquinas de la hacienda Uayalceh, que muestra el estilo neoclásico del Porfiriato.

—¡Way, qué hacienda!

—No siempre fue hacienda: al principio toda esta tierra, que ni siquiera se llamaba Uayalceh, fue de los mayas de Timucuy, hasta que por obra y gracia de la Conquista por allá en 1652 se le vendió al Capitán Iñigo de Mendoza, un encomendero de Indios que además era regidor de la ciudad de Mérida. Entonces fue cuando se le dio el nombre de Nuestra Señora de la Asunción Uayalceh.

—Fue entonces cuando nació la Hacienda…

—Nació el primero de febrero de 1653. Ese día los indios Francisco Kuyul, gobernador; Bernardino Pat, alcalde; Catalino Pom, regidor y Gaspar Cocom el escribano, con la presencia de Don Pedro Rosales, defensor de los indios de estas tierras le pidieron permiso al capitán Juan Xímenez de Riviera, para vender unos montes y tierras llamadas Uayalceh.

—Como quien dice, todo se hizo como dios manda.

—Eso nunca lo sabremos p’urux. Lo que sí te puedo decir es que tiempo después el gobernador de la península, Don Martín de Robles y Villafaña, firmó el permiso de venta para que el capitán don Iñigo de Mendoza y Magaña se quedara con las tierras.

Haciendas yuccatecas

El capitán don Iñigo de Mendoza y Magaña, dueño de Uayalceh

—¿Y cuánto le costó?

—Carísima: $50.00 pesos de oro común.

—¡Se ganó la lotería el capitán!

—Y lo sabía porque desde ese momento hizo crecer la hacienda comprándoles tierra a los mayas que vivían cerca al pueblo de Tecoh.

—¡Se volvió nohoch Uayalceh!

—Y bien nohoch. Ya en el año 1678, menos de treinta años después, la hacienda era de las más prósperas con centenares de cabezas de ganado y caballos.

—¿Era el mismo dueño?

—Ahora el feliz propietario era el capitán Don Andrés de Mendoza y Vargas.

—Se sabe bastante de la Hacienda, ¿jah?

—Hay tres volúmenes de títulos de propiedad y documentos que cuentan la historia de Uayalceh del siglo XVII y el XIX. Están en poder de la familia de Don Alonso Peón Bolio, los dueños de la Hacienda.

—¿Y esta hacienda también se dedicó al henequén?

—¡Claro! Las haciendas ganaderas se volvieron henequeneras, y Uayalceh fue de las grandes, tanto que es de las pocas que todavía sigue funcionando.

—En la arquitectura de la hacienda se notan como dos estilos…

—Toda la hacienda está formada por una plaza donde están la casa de máquinas, la casa principal y la iglesia. La época ganadera y agrícola de la colonia se nota en la casa principal, construida sobre una gran plataforma con su enorme escalera y sus corredores, sus arcos y su espadaña, todo muy propio del estilo español, incluyendo la capilla y su atrio.

Donia Way muestra a su box los arcos coloniales de la hacienda Uayalceh

—Pero la casa de máquinas es otra cosa, donia Way.

—Es puro estilo francés del Porfiriato. Se construyó en simetría poniendo el centro en esa torre altísima, tipo campanario. A lado y lado se ven esas arcadas tan bien construidas.

—No son como las arcadas de la colonia, eso se ve.

—Ni punto de comparación, ninio. Estas muestran la calidad del estilo neoclásico y académico con la que se construían los edificios en los tiempos del porfiriato.

—De la época de Porfirio Díaz.

—Vas aprendiendo, ninio, vas aprendiendo.

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