Hacienda Ochil

Hacienda San Pedro Ochil

Haciendas yucatecas

Donia Way posa ante los arcos moriscos de la hacienda Ochil

— ¿Vamos a parar aquí, donia Way? Yo creí que íbamos derechito a Uxmal.

—No podemos pasar por aquí y dejar de entrar a la hacienda San Pedro Ochil, que tiene una historia muy interesante…y además se come delicioso, mi p’urux.

—¿Comida yucateca? ¡Me encanta la hacienda Ochil!

— Aquí hubo un asentamiento prehispánico, ninio. En los terrenos de la hacienda, cerca al cenote, hay restos de antiguas plataformas con piedras talladas por los antiguos mayas.

—¡Que montón de haciendas hay en esta zona!

—Es que por esta región que colinda con Mérida fue donde se levantaron las primeras haciendas, que al principio fueron maiceras y ganaderas. Se construyeron a lo largo del “Camino Real”, una ruta principal que unía las ciudades de Mérida y Campeche.

—¿Por qué aparecieron las haciendas en Yucatán?

—En toda América aparecieron estas construcciones agrarias y ganaderas a los pocos años de la Conquista…

—En el siglo XVII…

—Pero acá en Yucatán aparecieron casi un siglo después porque el suelo no es tan fértil y de agua andamos más bien escasos, p’urux. Estas tierras formaron parte de la encomienda que los nietos y tataranietos Francisco de Montejo heredaron del fundador de Mérida.

—Casi se quedan sin herencia, donia Way.

—Se sabe del dueño más antiguo por unos papeles del siglo XVII, que hablan de la hacienda Temozon sur, registrada a nombre de Diego de Mendoza, que era hermanito del dueño de los Montes de Uayalceh, el capitán Iñigo de Mendoza, que en 1649 fue alcalde de Mérida.

—¿Y lo del henequén cuando fue?

—Fue en los años finales del siglo XIX cuando a Yucatán se le apareció la virgen, ninio, porque fuimos los únicos productores en el mundo de la fibra de henequén, el soskil.

—¿Sos quéee?

Soskil es la versión en castellano de la palabra maya que se usa para nombrar la fibra de henequén: tsots ki.

—El edificio es precioso, donia Way.

—Es casi seguro que se construyó en el siglo XVIII y La hacienda no tiene pierde con su portada principal de estilo morisco.

—Sí, la de Yaxcopoil, acá cerca. La hacienda quedó en ruinas pero todavía se pueden distinguir la capilla y la casa de máquinas.

—¡Y Mira el patio! Tiene su chimenea, un plantío de henequén, ¡Y hasta un cenote!

—Y eso que no has visto el  Museo de las Haciendas Henequeneras, donde hay restos de maquinaria planos, fotos y los libros de contabilidad de la Hacienda.

—El henequén fue la prosperidad de Yucatán. Me queda claro.

—Fue tanta que en el siglo XIX  las haciendas henequeneras se multiplicaron pot todo Yucatán, sobre todo en la región centro norte, donde están las mejores tierras para cultivar el henequén.

—Por allá en 1880, la hacienda Ochil, de la familia Ponce, produjo en cuarenta años tanto soskil que todavía no se tiene idea clara de la riqueza que había en Yucatán. Fueron los años del  “oro verde”, que puso a sus dueños a vivir con un lujo que no tenía el resto del país. Con decirte mulix, que en Mérida tuvimos alumbrado eléctrico antes que la Ciudad de México.

—Hoy está viviendo otro auge como parador turístico, donia Way.

—Está preciosa. La restauraron con amor, ninio, porque respetaron su diseño original y usaron las técnicas y los acabados originales.

—¿Y la comida? Yo necesito urgente una restauración estomacal, donia.

Maa, chiquito a ti la cultura te entra por la panza, ¿masinó?

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