Petectunich: la Hacienda gótica

Hacienda Petectunich

Donia Way visita la hacienda Petectunich

—Mira, esta hacienda se está restaurando, p’urux. Pero con lo que queda del casco te puedes dar una idea de lo que era…
—¿Idea? ¡Es rarísima, donia Way!
—Es antigua, ninio. Tiene más de 300 años…es de la colonia.
—Pero la arquitectura que estoy viendo no tiene nada de colonial. ¡Es pura arquitectura neogótica!
—Es que aquí seguro construyeron sobre los arcos coloniales estos arcos que parecen de iglesia…
—Es genial, donia Way. Arcos góticos, con columnas de corte clásico…una arquitectura ecléctica por los cuatro costados…
—¿Ecle…clé? Ecléctica niña, que tiene de varios estilos; muy propio de la arquitectura henequenera.
—¡A ver, ilústrame, chiquito!
—En la época del auge del henequén no era esta la arquitectura del momento porque ya se empezaban a ver, sobre todo en Europa y los Estados Unidos, los ejemplos de edificios más modernos, democráticos; sin estos garigoleos, estos arcos, estas columnas griegas y estas paredes decoradas con altorrelieves que eran edificios aristocráticos.
—¿Y entonces por qué los hacendados no mandaron a construir sus haciendas con el último grito de la moda? Porque por dinero no era, ¿jah?
—Es que a los hacendados no les interesaba unos edificios que se vieran “democráticos”…¡la idea era mostrar poder!
—Ya entiendo porque estas haciendas tan ostentosas.
—Como esta de Petectunich, que cambió todo su aspecto colonial por uno que se viera más imponente.
—De hecho, p’urux, no sabemos nada de pasado de esta hacienda.
—Pero sí se sabe de la historia reciente. Yo sé que su primer dueño fue el señor Manuel Cirerol, que la tuvo hasta 1923…
— Cuando pasó a manos de Quintín y Delfina Canto Lara, hasta que en 1966, pasó a ser de la familia Barbachano, y desde 1970 su único dueño fue el Señor Fernando Barbachano Gómez Rul.
—Pero mira sus espacios: Hay una gran plaza delimitada por las casas de los peones de planta, la capilla y la casa de máquinas.
—Voy tomando nota, p’urux.
—La casa de máquinas junto con la bodega, dan lugar se ubica a la entrada al patio, antes de entrar a la casa principal.
—Es cierto ninio.
—Fíjate bien en las casas de los peones porque son un ejemplo del tipo de arquitectura que se diseñaba para estas personas porque aunque mantenían la idea de casa-habitación, la llenaron de decoración en las ventanillas sobre las puertas y otros detalles en yeso, como frontoncitos y animalitos en relive, todo pintado con gusto y a todo color…
Maa, chiquito, te voy a traer más seguido a estos paseos, ¿jah?
—La casa principal es distinta a las demás haciendas que conoces, donia Way, porque dime tú, ¿dónde has visto un corredor así con esos arcos góticos apoyados en haces de columnillas, y teniendo como remate un pretil calado, como este de Petectunich?
—La verdad…en ninguna parte de Yucatán. Y mejor que no se enteren porque en las noches de luna se pueden aparecer esos chamacos “darketos” buscando vampiros.

Donia Way y su boxito en plan “dark” frente a la capilla de la hacienda Petectunich.

— ¿Y viste el segundo piso? Tiene un mirador que se usaba para echarle un ojo a las quemas en los plantíos de henequén.

—Y ya que sabes tanto. ¿Qué dices de la casa de máquinas?
—También tiene su detalle, donia Way: En su fachada principal, la que da a la plaza del poblado estaba el sistema motriz y el área de empaque, y en la parte de atrás, viendo a la casa principal, estaba el tren de raspa…
—¿Y no así es en todas las haciendas, lindo hermoso?
—¡Para nada: en casi todas es al revés!
Maa, ninio, tú sí que sabes, ¿jah? ¡Y eso que esta hacienda está en restauración!
—Pero se puede visitar, donia; se puede visitar.

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