Hacienda Kankirixche: inspiradora de leyendas

Hacienda Kankirixche

Donia Way y su boxito en la hacienda Kankirixche

—Tiene el mismo nombre de un cenote en el municipio de Abalá
—Allí estuvimos, ¿jah? En maya Kankirixche quiere decir “árbol de la fruta amarilla”
—Algo religioso debe tener, porque se llama Nuestra Señora de Kankirixche.
—Tiene todo el aspecto de una hacienda colonial, así que nada tiene de raro lo religioso, ¿ya te fijaste?
—O quizá es por el milagro de que esté en pie, porque en el 2000 estaba prácticamente devorada por la selva.
—Es cierto. Sé que ya en el 2011 se estaba rescatando, y menos mal porque es una bonita hacienda yucateca.
—Ya la Casa Principal está restaurada, donia Way.
—¡Y en pleno uso! Aquí se celebran bodas y eventos.
—A principios del siglo XX, en el año 1900, con el henequén todavía dando de qué hablar la hacienda era del abogado Marcial Echánove Delgado, que era el marido de la escritora Narcisa Trujillo de Echánove.
—El nombre me suena… ¿No escribió unas como leyendas?
—¡Eso, mi p’urux! Es la autora de un libro que se publicó en 1950: “Leyendas de Yucatán”. Lo interesante es que ella misma contó que el sentimiento que transmite en ese libro está inspirado en la época en que vivió tres años en esta hacienda Kankirixche.
—Yo hasta he visto una foto de la época donde ella aparece en un jardín con lago artificial.
—El abogado Echánove Delgado le dejó la hacienda en herencia al señor Quintín Canto Lara, quién la tomó a su cargo en 1955 y por espacio de dieciocho años, cuando la adquirió el capitán Jaime Concha Escobedo, quien desde 1973 la puso al servicio de la ganadería y de la siembra y cultivo de henequén.
—¿Pero ya había pasado la bonanza henequenera, no?
—Sí, pero algo quedaba porque era a lo que se dedicaban todas las haciendas que quedaban en esta zona de Yucatán.
—¿Y de la historia antigua de esta Hacienda se sabe algo?
—No mucho, pero con el tiempo irán apareciendo papeles y documentos que ayuden a reconstruir la historia de esta y de muchas de las haciendas de Yucatán.

 

 

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